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12.mar.2014 / 10:40 am / Haga un comentario

Richard-Canán

Los venezolanos somos gente de paz. Nuestra idiosincrasia forjada de una extraordinaria mezcla de razas nos ha hecho conformar un colectivo carente de las miserias, odios y divisiones existentes en otras partes del mundo. Son mínimas y marginales las manifestaciones de discriminación por raza o credo. Las discriminaciones que hemos sufrido en el pasado son sociales, de exclusión en el acceso a espacios y políticas que permitan una vida digna. Por eso el empeño del Comandante Chávez en enfrentar y combatir los elementos característicos de la pobreza: el analfabetismo, la desnutrición, la deserción escolar, etc. Nuestro nivel educativo se ha elevado gracias a la Revolución Bolivariana. Hoy miles de jóvenes, que en el pasado estaban excluidos y sin posibilidades de acceso a las universidades elitescas, hoy tienen docenas de opciones donde estudiar, de acuerdo a sus inquietudes e intereses intelectuales y profesionales. El acceso a la educación es un excelente logro de inclusión y mejoramiento de la calidad de vida de nuestro pueblo.

También, la inmensa mayoría de nuestro pueblo es alegre, trabajador, solidario, generoso, muy religioso, creativo y proactivo, divertido (por no decir al extremo jodedor), amante de la música y de todas las expresiones culturales. Los venezolanos se dedican con pasión y dedicación a sus tareas, ya sea al estudio, al trabajo productivo o los deportes. Es un pueblo, para ponerlo en una palabra: optimista. No hay reto ni circunstancia que no sea enfrentado y superado con empeño. La mayoría del pueblo ejerce el respeto y la tolerancia como mecanismo de convivencia familiar y vecinal. De todos estos elementos se nutren nuestros valores como pueblo y como ciudadanos.

Sin embargo, estamos enfrentando y padeciendo la “exteriorización de la arrechera” de una minoría nefasta, agorera y fatalista. Esta gente no expresa el sentir venezolano. Su irracional erupción de violencia no es espontanea, ni se corresponde a nuestra idiosincrasia, ni a nuestros valores democráticos. Amparados en el panfletarismo y en la manipulación mediática, la locura de la derecha histérica tiene hoy sus cinco minutos de sangrienta gloria. En las hogueras y guarimbas fascistas sólo quedan visibles y claramente identificables elementos de la extrema derecha que pululan y cohabitan entorno o dentro de los partidos neofascistas Primero Justicia y Voluntad Popular. El fascismo y sus bandas organizadas, están hoy confinados y generan terror y destrucción sólo en sectores de la clase media urbana gobernada por estos alcaldes fascistas.

Su modo de actuación irracional y violento, no es más que una vulgar y caricaturesca copia barata de las llamadas revoluciones de colores. Copiando símbolos y métodos violentos, poco atraen y hasta ahuyentan a las huestes opositoras. La oposición ahora no encuentra como deslindarse de los fascistas violentos. No cuajaron pues los intentos fascistas de generar y escalar el caos como lo intentaron una y otra vez durante el Golpe de Estado y el Paro Petrolero de los años 2002 y 2003. No aprenden. Pero el resultado está a la vista: barricadas colmadas de fantasmas. Las hogueras fascistas acompañadas solamente por una mínima horda de reaccionarios de la extrema derecha (algunos, al parecer, asalariados de Voluntad Popular).

Reclamos justos, que en el marco de la Conferencia Nacional de Paz, podrían ser perfectamente temas de discusión y conversación, han dado paso a acciones cotidianas de vandalismo, destrucción y criminalidad generalizada, hasta llegar al asesinato selectivo. La atrocidad de regar aceite en las arterias viales o colocar las guayas asesinas, ya han dejado su estela de muerte. Eso es justamente lo que desean los fanáticos fascistas, pretendiendo con ello socavar la legitimidad y gobernabilidad de un gobierno democráticamente elegido por la mayoría del pueblo.

Sólo la disciplina del pueblo revolucionario, la ecuanimidad del pueblo mayoritario en rechazar y repudiar la violencia criminal de las bandas fascistas, la entereza del Gobierno Bolivariano en garantizar el orden público para mantener la paz, ha logrado el poderoso triunfo de contener y confinar a los violentos fascistas a los espacios de amparo y protección brindados por los alcaldes de extrema derecha de Voluntad Popular y Primero Justicia. Ellos son responsables directos de la violencia y de la destrucción de los espacios públicos y privados.

El pueblo ha hablado, quiere paz. Los violentos van probando el sabor de la derrota y serán nuevamente vencidos. Pero esta vez los actos criminales deben cobrarse con todo el peso de la ley. Los crímenes, muertes y destrucción no pueden quedar impunes.

Richard Canan

Sociólogo

@richardcanan

 

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